Grandes
coleccionistas de la historia filatélica
Afición de reyes y reina de las aficiones.
La frase no es sólo un feliz retruécano.
Desde su nacimiento, la filatelia ha seducido por igual
a jóvenes y adultos, personas de recursos sobrados
y de modesta condición, personajes famosos e incluso
testas coronadas. Todos ellos han encontrado en esta afición
universal una fuente constante de esparcimiento, de relaciones,
de estímulo cultural e incluso de evasión
de las graves pesadumbres del gobierno. Muchos monarcas
y jefes de Estado se sintieron atraídos por la
filatelia. Y aunque muchas colecciones reales desaparecieron
con sus creadores, algunas subsisten para asombro de quienes
tienen la rara oportunidad de contemplarlas.
Entre todas las colecciones reales destaca,
por la riqueza de sus preseas y la aureola casi mítica
de sus piezas, la británica, que contiene prácticamente
todos los sellos de la vasta Commonwealth, desde el primer
timbre del mundo, el penique negro inglés de 1840,
hasta rarezas inaccesibles en nuestros días, como
son los ejemplares de Mauricio de 1847. La colección
real británica fue iniciada en 1856 por el príncipe
Alfredo (más tarde duque de Edimburgo), según
hijo de la emperatriz Victoria, y el príncipe de
Gales (más tarde Eduardo VII). Pero fue Jorge V
quien mostraría años más tarde un
interés más resuelto por esta afición.
Reconoció la rareza de las piezas y no escatimó
esfuerzos ni dinero para conseguirlas. En 1904 había
adquirido ya el penique rosa y el dos peniques azul de
la primera emisión de Mauricio, hoy piezas fulgurantes
en el olimpo de las grandes rarezas filatélicas.
Le apasionaba el diseño de los sellos y no es de
extrañar que la colección real contenga
multitud de dibujos y bocetos de artista de los sellos
emitidos por la metrópoli y el Imperio.
Tras su muerte, la colección fue continuada por
Jorge VI y, más tarde, por la actual
soberana,
protectora como sus antepasados de la Real Sociedad Filatélica
de Londres. Desde entonces no ha cesado de aumentar, especialmente
en cuanto a pruebas y ensayos, auténticas obras
de arte en miniatura. Alojado en una vasta estancia del
Palacio de Buckingham, la clasificación y custodia
de este inmenso tesoro están encomendadas al conservador
de la colección real, y muchas de sus piezas sobresalientes
se ceden ocasionalmente para su exhibición en la
corte de honor de las grandes exposiciones internacionales.
EL REY DE ESPAÑA
Alfonso
XIII también fue coleccionista de sellos, faceta
poco conocida por los biógrafos del monarca español.
Desde muy joven se sintió atraído por la
filatelia, a la que consideraba un complemento de su formación,
y llegó a especializarse en las emisiones de España
y sus colonias, aunque también logró reunir
envidiables colecciones de Francia y de Portugal. Durante
su visita a Lisboa en 1903 expresó su deseo de
poseer una colección completa de las emisiones
de Portugal y Colonias. Ello originó la creación
de las denominadas "reimpresiones del Rey de España",
entre las que se encuentran numerosos sellos clásicos,
entonces agotados y que fueron especialmente reimpresos
para donarlas al regio visitante. Otra serie completa
de estas reimpresiones fue regalada en 1910 por el rey
don Manuel a la Real Sociedad Filatélica de Londres.
Un sello español recuerda la visita de Alfonso
XIII a la primera Exposición Filatélica
Nacional, celebrada en Barcelona en 1930, aunque se ignora
si sus sucesores continuarían alentando esta afición.
Entre los expositores más afortunados que concurrieron
a la Exposición Filatélica de Nueva York
celebrada en 1926, en la sección juvenil, hubo
un monarca sin corona: Otto II, hijo de la ex emperatriz
Zita, pretendiente al trono de Austria y Hungría.
Se sabe que el joven heredero, que residía por
entonces en España, obtuvo una medalla de bronce
por su colección de sellos húngaros. También
el antiguo trono de Serbia contó en su seno con
un aficionado a la filatelia. El príncipe regente
de aquel país, según las revistas de la
década de 1920, se había hecho ferviente
coleccionista e intervenía en los preparativos
de las nuevas emisiones del país balcánico,
que pronto se fusionaría con Yugoslavia.

En Italia, Humberto II se sintió asimismo atraído
por la filatelia, aunque no demostró un especial
ardor coleccionista. Visitó con frecuencia el Instituto
Poligráfico de Roma, donde se interesó por
la producción de los sellos italianos. Tras la
Segunda Guerra Mundial y el derrocamiento de la monarquía,
las crónicas recuerdan que visitó la exposición
"Lisboa'53". También se sabe que se interesaron
por los sellos Alejandro III y Nicolás II, zares
de Rusia, y el rey Prapjadhjpok de Siam, entre otros monarcas.
CAROL DE RUMANÍA
Otro gran coleccionista de la primera mitad del siglo
XX fue el rey Carol de Rumanía. Descubrió
su afición siendo niño, cuando a los cinco
años le regalaron su primer álbum de sellos.
Mantuvo estrechas relaciones con comerciantes y coleccionistas
de su época y logró reunir una valiosa y
extensa colección de sellos, con muchas piezas
únicas. En la Exposición Internacional celebrada
en Londres en 1950 presentó auténticas rarezas,
de las que se hizo eco la prensa de la época, entre
ellas un "Post Office" de Mauricio nuevo y otro
de un penique sobre carta, así como el ejemplar
único del 3 skilling-banco de Suecia, error de
color, seguramente el sello más caro del mundo
en la actualidad. A partir de aquella exposición,
el rey Carol, que vivía exiliado en Estoril, comenzó
a desprenderse de sus colecciones, que fueron subastadas
por la casa Harmer. Cada pieza vendida iba acompañada
de un certificado fotográfico que proclamaba: "Este
sello procede de la colección formada por Su Majestad
Carol II de Rumanía".
El rey de Egipto, Faruk, deseó rodearse de cuanto
fuera bello, e incluyó en el abanico de sus caprichos
suntuarios a la filatelia, a la que había sido
aficionado por su padre, el rey Fuad, también famoso
coleccionista. Sin embargo, a diferencia del rey Carol,
no pudo llevarse al exilio sus tesoros cuando fue derrocado
por un golpe de estado en 1952. Sus colecciones palaciegas
fueron confiscadas por el nuevo gobierno y dispersadas
en una serie de subastas iniciadas al año siguiente
por la casa Harmer. El catálogo de la colección
real de Egipto describía una de las mayores colecciones
de la época. La venta supuso una realización
total de 115.160 libras esterlinas de 1954. Entre las
gemas vendidas figuraban un ejemplar del "Post Office"
de Mauricio de dos peniques y un famoso sobre que partió
de Livorno en 1860 y estaba dirigido a Alejandría,
franqueado con tres ejemplares de la primera emisión
del gobierno provisional de Toscana, mundialmente conocido
como el "sobre Faruk" y asociado desde entonces
al recuerdo del monarca egipcio.
EL PRINCIPE RAINIERO
Por
último, sería injusto omitir de este plantel
de filatelistas regios a un gran coleccionista principesco
de nuestro tiempo. Se trata de Rainiero II de Mónaco,
no sólo propietario de una fabulosa colección
de sellos, sino promotor decidido de la filatelia, pues
ha convertido su pequeño país en centro
de convergencia de todos los estamentos internacionales
interesados en esta afición, ha creado un magnífico
museo postal y filatélico y supervisa personalmente
todas las emisiones de sellos del Principado. La colección
que heredó el príncipe se había iniciado
en 1912 y la engrandeció su padre, Alberto I. Pero
Rainiero II no ha cesado de acrecentarla, hasta el punto
de que hoy no tiene parangón en el mundo en cuanto
a los sellos e historia postal de la pequeña ciudad-estado,
además de contar con valiosos conjuntos de Francia
y de los antiguos estados italianos, sobre todo Cerdeña.
De lo antedicho no deberá deducirse que la filatelia
es sólo una afición elitista o un pasatiempo
real. Como escribía un famoso tratadista filatélico
barcelonés, José María Llerendi,
"el filatelista pertenece a una minoría selecta.
Para ser filatelista no hace falta ser rico ni poderoso
ni elegante. Y esta aristocracia de la inteligencia ¿no
merece de los profanos algo más que una curiosa
simpatía?"
Entre los más
famosos coleccionistas del mundo se cuentan el rey Jorge
V de Inglaterra, que formó la colección
de sellos de Gran Bretaña y todas las colonias
del Imperio Británico, más rica del mundo.
Thomas K. Tapling murió relativamente joven en
1891, pero su colección de sellos de Inglaterra
fue considerada en aquella época como una de las
más valiosas del mundo, legándola al Museo
Británico. Aún en la actualidad esa colección
es la más rica que se exhibe en público.
Alfredo H. Caspary, fue un hombre de negocios de Nueva
Cork, que dedicó grandes recursos económicos
a incrementar su colección. Llegó a adquirir
la fama de ser uno de los más importantes filatelistas.
En su propia ciudad se subastó su colección
en 1957 produciendo la escalofriante cantidad de $ 2´750.000
dólares en la venta.
Philippe La Renotiere, francés, pasó a
los anales de la filatelia como el individuo que poseyó
la colección de sellos más grande y más
rica del mundo, en su época. Cuando terminó
la Primera Guerra Mundial, Francia incautó la colección
de La Renotiere por ser éste simpatizante de Austria
y la remató como parte de reparaciones de Guerra.
Desde el pasado siempre ha habido filatelistas
devotos y seguramente los hay en la actualidad, pero no
todos ellos son conocidos en los círculos filatélicos
porque cultivan su afición en forma reservada,
sin afán de notoriedad, aun teniendo elevada posición
económica. Frecuentemente sus colecciones son conocidas
sólo cuando son sacadas a subastas o puestas en
venta.
Por Javier Linares